Mentira e injusticia de la fiscalidad, el papel del Estado

COLUMNISTAS | JOSÉ LUIS VELASCO

Tras el rotundo desprecio de la
ciudadanía a la clase política en las elecciones europeas del 25 de mayo de
2014, con más del 55% de abstención electoral, las alarmas de la clase política
para mantenerse en el poder se han manifestado en España, en particular, en una
supuesta reforma fiscal del 20 de junio de 2014.

De forma cínica e
hipócrita es definida por el gobierno del PP «para impulsar la creación de
empleo, la reducción de la fiscalidad para las rentas del trabajo, refuerzo de
la competitividad, dinamizar el crecimiento, favorecer el ahorro y la
inversión, un sistema tributario más equitativo y nuevas medidas contra el
fraude fiscal».

Mentiras e injusticia de un discurso
gubernamental que esconde directrices políticas ante las elecciones municipales
y autonómicas del 2015, para intentar mantenerse en el poder, aparentar que se
cambia algo para que todo siga igual o peor para los trabajadores. La realidad
económica y social manifiesta que toda la literatura gubernamental se convierte
en demagogia de un discurso vacío, lleno de mentiras y estupideces. Las cifras
del paro forzoso de más de 6 millones de desempleados y la equidad del sistema
tributario hablan por sí solas, el sistema tributario es cada vez más injusto y
regresivo, pagan más los que menos tienen. Sobre todo la gran injusticia de los
millones de trabajadores que no perciben rentas de ningún tipo.

Con esta reforma fiscal los grandes
beneficiarios son los mismos que gobiernan: se reducen los tipos impositivos de
las empresas del 30 al 25%, disminuye en 7 puntos el tipo impositivo para los
ricos pasa del 52 al 45%, baja la tributación del capital del 27 al 21%.

Las medidas contra el fraude fiscal no
se dirigen a las grandes empresas que concentran el 75% del fraude, ni a las
tributaciones especiales de los grandes patrimonios de las Sicav al tipo
impositivo del 1%, ni contra las deducciones de las empresas y bancos, sobre
todo con la compensación de pérdidas por más de 100.000 mil millones de euros,
en letra cien mil millones de euros, sino contra los trabajadores autónomos y
las pensiones de jubilaciones obtenidas por los trabajadores emigrantes en el
extranjero.

Para el resto de los ciudadanos las
medidas fiscales adoptadas son insignificantes sin modificaciones reales:
mentiras electorales para un discurso político de aferrarse al poder.

El debate es otro, es la discusión sobre
el papel del estado como organización política, es la inutilidad, injusticias y
mentiras mantenidas históricamente desde el poder para justificar el
enriquecimiento de una clase política, empresarial y burocrática, corrupta y
despiadada con la sociedad, que no duda en asfixiar con todo tipo de impuestos
a una clase trabajadora, que sufre todos los desmanes de unas políticas
irracionales de unos gobernantes con el solo objetivo de mantenerse en el poder
y enriquecerse.

La discusión impositiva tiene que
abarcar, aquí y ahora, sobre todo, a los gastos de mantenimiento de unas clases
parasitarias políticas, sindicales, burocráticas, religiosas, militares y
deportivas, que consumen ingentes cantidades de recursos económicos y sociales;
tiene que comprender a todas las subvenciones, ayudas y políticas
gubernamentales puestas al servicio de la banca y de las empresas. Mención
especial de la persecución de la corrupción que inunda todas las esferas del
poder.

La otra parte de la discusión impositiva
es la que corresponde a los ingresos de un sistema fiscal progresivo, donde
paguen más los que más ingresen. Sin embargo, esta es otra realidad que forma
parte de las mentiras e injusticias de los sistemas tributarios, donde los que
más tienen son los que menos pagan, el ejemplo más sangrante es la tributación
de las grandes multinacionales con tipos impositivos de cero. Las democracias
capitalistas de la Europa avanzada se han convertido en el gran paraíso fiscal
del capitalismo internacional.

El papel del estado que por medio de los
impuestos distribuye la riqueza de forma justa, forma parte de la gran mentira
que la realidad evidencia día a día, sobre todo con los grandes recortes en
gastos sociales en sanidad, educación y prestaciones sociales. La regresividad
impositiva constituye el pilar fundamental del sistema impositivo del
capitalismo y del estado.

A partir de aquí la discusión es la
acertada: el papel del estado solo sirve a los intereses de la elite dominante
y rica, y su destino histórico es  la
desaparición. Nuestro objetivo: la organización política, económica y social la
tenemos que construir desde la autogestión generalizada de la vida, desde la
igualdad y la libertad real en todas sus vertientes, primordialmente la
económica.

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