El pasado 14 de noviembre, más de 150 personas fueron detenidas por protestar en la calle contra los constantes ataques que la clase dirigente realiza contra la clase trabajadora desde el comienzo de la crisis económica. Las obscenas tasas de paro crean el escenario perfecto para que muchos trabajadores renuncien a sus derechos laborales y sociales más elementales por miedo a perder su empleo o por la esperanza de encontrar uno, pero no todos estamos dispuestos a que nos utilicen como recursos humanos de usar y tirar, echando por tierra las conquistas de más de un siglo y medio de lucha obrera. Para hacer frente a esta eventualidad, el Estado dispone de un amplio y variado aparato represivo que incluye asalto de locales, cargas policiales, porrazos, pelotazos de goma, patadas, detenciones, multas, penas de cárcel, aislamiento y tortura.